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La operación cesárea se ha incrementado en las últimas décadas probablemente por una combinación de factores : disminución de complicaciones (infecciones, hemorragias,
dehiscencias, etc.), por mejoramiento en los antibióticos, en las técnicas quirúrgicas, hilos de sutura, etc., y también por una creciente idea de que es la solución a todas las complicaciones de un parto, y a veces hasta por comodidad, tanto de la paciente como del médico.
Sin embargo, la cesárea sigue siendo más riesgosa que el parto normal, tanto para la madre como para el bebé,
por los siguientes motivos :
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aumenta de 5 a 20 veces el riesgo de infección ( endometritis) |
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aumenta el riesgo de internación del bebé en neonatología |
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aumenta el riesgo de distress respiratorio neonatal |
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aumenta el tiempo de internación materno |
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aumenta el dolor post-parto |
También deja una cicatriz no sólo en la pìel, sino interna, que puede dejar síntomas permanentes.
Además puede producir frustración materna, por no haber podido tener un parto normal.
Por eso, sin menospreciar su utilidad, hay que valorar la cesárea en su justa dimensión, ya que en determinadas circunstancias es la única posibilidad de evitar daños fetales y/o maternos.
Las principales causas
que justifican una cesárea son :
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sufrimiento fetal agudo |
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dos o más cesáreas previas |
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presentación de nalgas |
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placenta baja |
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desproporción
fetal-materna |
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falta de progresión del trabajo de parto |
La proporción de cesáreas en servicios de alta calidad de atención oscila entre
un 10 y un 25 % .
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